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GINÉS MARÍN, FAENÓN Y CORNADA EN MADRID

30/09/2018

Fuente: Zabala de la Serna

Ginés Marín cuajó una gran faena al tercer toro de la tarde en Las Ventas. En el sexto cayó herido, y tuvo que ser intervenido en la enfermería de una cornada en la cara.
Ginés cuajó la faena más importante y entregada de su año. En el momento oportuno. De menos a más. Inteligente siempre con el hondo tercero de buena condición. Que no se rebosaba. Manejó lucidamente los tiempos y las distancias. Y sobre todo su izquierda. De bello trazo, por abajo, encajado y embrocado como nunca. Muy mentalizado. De la última ronda de espléndidos redondos, brotó un cambio de mano inmenso. Tan torero como el broche de ayudados. Un pinchazo hondo en todo lo alto y un descabello redujeron la recompensa a una vuelta al ruedo. De tanto calado como si le hubieran concedido el trofeo escasamente solicitado para el nivel exhibido.
A últimas, Ginés Marín se descaraba con el basto sexto. Le había presentado la izquierda pronto. Cuando le proponía la mano derecha, el toro lo derribó con la pala del pitón. Y, mientras las rodillas se aflojaban y caía, un derrote le alcanzó en la mandíbula. Del corte manó la sangre. Las cuadrillas lo condujeron a la enfermería. Donde confirmaron la cornadita de espejo: 5 centímetros que afectaban al «músculo mesetero, la parotida y nervio facial». Pronóstico reservado, decía el parte. Emilio de Justo liquidó la cuestión. Antes de volar a lomos de la marabunta, sobre la incuestionable ética de su toreo y su capacidad de acero.

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